Las cadenas invisibles que limitan la autonomía de las mujeres en el mundo actual
María Raquel Lara Rocha
INTRODUCCION
La lucha por la igualdad de
género ha alcanzado hitos notables en las últimas décadas, con avances sin
precedentes en derechos, educación y participación en la fuerza laboral. Sin
embargo, la promesa de la igualdad sustantiva sigue siendo un horizonte lejano
para millones de mujeres. Los desafíos persistentes no son incidentes aislados,
sino que están profundamente arraigados en nudos estructurales de la
desigualdad.
A nivel mundial, las mujeres se
enfrentan a una epidemia global de violencia, a una participación económica
marcada por la segregación, brechas salariales y la sobrecarga del trabajo no
remunerado, y a una subrepresentación crónica en el poder político y en la
frontera digital. Estos problemas se ven exacerbados por crisis globales
interconectadas, como la pandemia de COVID-19, que profundizó la pobreza y la
inseguridad alimentaria para las mujeres, y el cambio climático, que las afecta
de manera desproporcionada.
La gravedad de esta situación se
refleja en cifras contundentes: se estima que hasta 852 millones de mujeres
de 15 años o más han experimentado violencia física y/o sexual por parte de su
pareja o de un tercero. En el ámbito económico, en 2019, por cada 100 hombres
viviendo en hogares pobres en América Latina y el Caribe, había 112.7
mujeres en la misma situación. Además, cerca de 9 de cada 10 hombres y
mujeres a nivel mundial aún albergan sesgos contra las mujeres. Superar
estos obstáculos es crucial, no solo por la justicia inherente, sino porque la
plena participación de las mujeres es esencial para lograr un futuro más
pacífico, próspero y sostenible.
A continuación, examinamos los
principales nudos críticos que impiden la autonomía plena de las mujeres,
basándonos en los análisis y datos proporcionados por diversas instituciones
globales.
La violencia contra las mujeres y
las niñas (VCM) es una violación grave de los derechos humanos y un problema de
salud pública a nivel global. Es la manifestación más extrema de los patrones
culturales patriarcales.
La forma más extendida de
violencia es la perpetrada por la pareja íntima (física, sexual o psicológica).
Los datos globales son aleccionadores: aproximadamente una de cada tres
mujeres en el mundo ha sido víctima de violencia física o sexual por parte
de una pareja íntima o violencia sexual por parte de un tercero en algún
momento de su vida. Esta violencia se asocia con altas tasas de problemas de
salud, incluyendo una mayor probabilidad de tener un bebé con bajo peso al
nacer (16% más) o de sufrir depresión (casi el doble).
Una de las expresiones más graves
de esta violencia es el feminicidio o femicidio, que CEPAL identifica
como la expresión más extrema de los patrones culturales patriarcales. En
América Latina y el Caribe, se registraron al menos 4,640 casos durante
2019, según datos oficiales reportados por 18 países.
"La violencia contra las
mujeres y las niñas actúa tanto directamente promoviendo enfermedades crónicas
y muerte prematura, como indirectamente, [ya que] otras causas principales de
muerte (enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular, cáncer y VIH/SIDA) son
el resultado de la adopción de conductas de riesgo... en un intento de hacer
frente al impacto psicológico de la violencia" (Dubini, 2016).
Intento de Solución: Los
países de la región han avanzado en la aprobación de marcos normativos para
prevenir, sancionar y erradicar la violencia, aunque persisten grandes desafíos
en la implementación y la disponibilidad de recursos suficientes. Instituciones
como la CEPAL, a través del Observatorio de Igualdad de Género de América
Latina y el Caribe, generan evidencia clave sobre la manifestación de estos
nudos estructurales. Además, la legislación sobre el feminicidio/femicidio se
ha implementado en países como Honduras y México, buscando penalizar este
delito específico.
La desigualdad socioeconómica y
la persistencia de la pobreza son identificadas por la CEPAL como uno de los
cuatro nudos estructurales de la desigualdad de género. Las mujeres están
sobrerrepresentadas en los hogares pobres.
Un factor clave que impulsa esta
desigualdad es la rígida división sexual del trabajo y la injusta
organización social del cuidado. En la mayoría de los países, las mujeres
tienen una responsabilidad desproporcionada en el cuidado de otras personas y
en las labores domésticas.
"En América Latina y el
Caribe, las encuestas de uso del tiempo que se han realizado en diversos países
confirman la persistente y desequilibrada división sexual del trabajo... las
mujeres dedican más tiempo al trabajo no remunerado con un promedio de dos
tercios de su tiempo en esta actividad y un tercio de su tiempo dedicado al
trabajo remunerado, mientras que, en los hombres, la tendencia se
invierte" (CEPAL, 2021b).
Esta carga limita la capacidad de
las mujeres para acceder a oportunidades laborales, al ascenso profesional y al
desarrollo personal. La falta de corresponsabilidad y la sobrecarga del trabajo
no remunerado actúan como una barrera estructural para la plena participación
de las mujeres en las economías.
Intento de Solución: Una
solución crucial es avanzar hacia la sociedad del cuidado a través de
sistemas públicos integrales de seguridad social y políticas universales de
cuidado y licencias parentales, buscando la redistribución del cuidado entre el
Estado, el mercado, la sociedad, y entre hombres y mujeres. Algunos países
están construyendo sistemas de cuidado que reconocen el trabajo no remunerado.
3.
Segregación laboral y persistencia de las
brechas de ingresos
La inserción laboral de las
mujeres está marcada por la segregación horizontal y vertical, lo que se
traduce en una menor calidad de empleo, menores ingresos y un déficit de acceso
a la protección social.
La segregación horizontal
implica la concentración de mujeres en pocos sectores económicos y ocupaciones
de menor nivel de ingreso. Muchas de estas ocupaciones, como maestras,
enfermeras, secretarias y trabajadoras domésticas, corresponden a roles
tradicionales de cuidado y generalmente tienen características menos
ventajosas: bajos perfiles de empleo, bajos salarios y pocas oportunidades de
carrera.
La segregación vertical
impide que las mujeres alcancen puestos directivos o de mayor jerarquía, un
fenómeno conocido como "techos de cristal".
"La segregación sectorial
está estrechamente ligada a la brecha salarial de género, y los salarios más
bajos para las mujeres que para los hombres pueden obstaculizar la capacidad de
la mujer para avanzar en su carrera" (Reshi y Sudha, 2023).
Esta segregación, junto con las
brechas salariales, persiste a pesar del aumento del nivel educativo de las
mujeres. En promedio, en los países del G7, la brecha salarial de género (GWG)
medida en las ganancias medianas de los trabajadores a tiempo completo es de
aproximadamente 14%.
Impacto de la Maternidad y el
Financiamiento: La maternidad es un factor común que agrava estas brechas
(el "motherhood gap"). Los episodios de maternidad, que a menudo
conducen a largas ausencias, contribuyen a la depreciación del capital humano y
socavan las perspectivas de carrera futuras. Además, las mujeres enfrentan
barreras para acceder a recursos de producción como el crédito. En países como
Chile, Costa Rica y Guatemala, la información indica que las mujeres tienen una
tasa de morosidad menor, pero acceden a créditos pagando tasas de interés más
altas que los hombres.
4.
Baja representación política y acoso en
la esfera pública
La concentración del poder y
las relaciones de jerarquía en el ámbito público constituyen otro nudo
estructural de la desigualdad. Las mujeres siguen estando subrepresentadas en
la política oficial y en los puestos de alta dirección en las empresas.
A nivel mundial, las mujeres
representan menos de una cuarta parte de los parlamentarios. En los gabinetes
ministeriales de América Latina, las mujeres son designadas principalmente para
ocupar cargos en el área social y cultural (56%), mucho menos que en los
gabinetes políticos y económicos.
"Una política
predominantemente dominada por hombres decide sobre la falta de perspectiva,
forma de pensar y discusión de las mujeres" (Richardt, 2008; Slade, 2008;
Ridgeway, 2011).
Además de la subrepresentación
numérica, las mujeres que logran ingresar a la política enfrentan violencia y
acoso, incluyendo el acoso sexual y las amenazas de violencia. Esto tiene un
impacto perjudicial sobre si las mujeres participan activamente en la vida
política.
Intento de Solución: La
implementación de cuotas y otras acciones afirmativas ha demostrado ser
prometedora para aumentar la representación política. Por ejemplo, en México,
las cuotas incrementaron la proporción de mujeres en el parlamento del 16% a
más del 22%. En América Latina, la búsqueda deliberada de la paridad de género
en política es vista como un medio para "fortalecer la democracia".
5.
Restricciones en la autonomía física y la
salud sexual y reproductiva
La autonomía física, definida
como la capacidad de las mujeres para decidir libremente sobre su propio
cuerpo, se ve limitada por dos dimensiones sociales relevantes: la violencia y
los derechos reproductivos.
A pesar de que los derechos
sexuales y reproductivos están garantizados en una amplia gama de convenciones
de derechos humanos, la realidad es que los esfuerzos por avanzar en la
igualdad de género y los derechos humanos de las mujeres se han estancado o
incluso revertido en algunas áreas.
"El mundo está siendo
testigo de una preocupante reacción en contra de la salud y los derechos
sexuales y reproductivos de las mujeres. Las restricciones legales, incluida la
penalización del aborto, continúan agravando los desafíos que enfrentan las
mujeres para acceder a una atención segura" (UNDESA & UN Women, 2022).
En 2022, más de 1.2 mil
millones de mujeres y niñas en edad reproductiva vivían en países con
alguna restricción al acceso al aborto seguro, incluyendo 102 millones donde
está prohibido por completo.
Mortalidad Materna y Embarazo
Adolescente: La mortalidad materna sigue siendo una preocupación a nivel
mundial y regional. En muchas partes del mundo, las deficiencias en las
instituciones que prestan atención médica y las normas sociales que impiden a
las mujeres buscar asistencia médica a tiempo son factores clave.
Otro desafío persistente es el embarazo
adolescente. Este fenómeno no solo reconfigura la organización de los
cuidados, sino que perpetúa la pobreza al truncar las posibilidades de estudio
y futura inserción laboral de las jóvenes madres. En la región de América
Latina y el Caribe, las tasas de fecundidad adolescente se encuentran entre las
más altas del mundo.
Intento de Solución: Se
necesita inversión en servicios de atención sanitaria reproductiva de alta
calidad, acceso a métodos anticonceptivos, educación sexual integral (ESI) y
acceso a abortos seguros, para garantizar que las mujeres puedan tomar
decisiones informadas. En países como Brasil, las medidas se enfocan en
fortalecer la Política Nacional de Atención Integral a la Salud de la Mujer y
garantizar los derechos sexuales y reproductivos.
6.
La brecha digital de género y la
exclusión tecnológica
A pesar de la transformación
digital global, la disparidad de género en el sector de las Tecnologías de la
Información (TI) sigue siendo un problema crítico, afectando la igualdad y las
economías nacionales.
Existe una escasez global de
profesionales de TI. Sin embargo, las mujeres están persistentemente
subrepresentadas en el sector tecnológico y en áreas STEM (Ciencia, Tecnología,
Ingeniería y Matemáticas). Por ejemplo, en 2023, solo entre el 11% y el 24%
de todos los especialistas en TI en los países de la OCDE eran mujeres. Además,
solo el 4% de las familias de patentes relacionadas con las TI se atribuyen
solo a mujeres (2018-2021).
"El cierre de la brecha de
género en el sector de las TI y entre los expertos en TI no solo es necesario
para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. También es
importante para las economías nacionales que, de lo contrario, corren el riesgo
de sufrir una pérdida económica sustancial si no logran superar la brecha de
habilidades digitales en pocos años" (European Union, 2021; Palmer, 2021;
Quirós et al., 2018).
Riesgos Digitales y
Económicos: La digitalización también presenta riesgos de exacerbar la
desigualdad. Los sistemas de diagnóstico asistidos por IA pueden replicar
sesgos existentes, siendo menos precisos para mujeres y personas de otras
razas. Además, las redes en línea replican las desigualdades de género
preexistentes; en casi todas las economías analizadas (97%), los hombres tienen
redes de LinkedIn más grandes que las mujeres. Un riesgo creciente es la violencia
de género facilitada por la tecnología (TF-GBV), que afecta
desproporcionadamente a las mujeres, incluyendo figuras públicas, a través de
campañas de desinformación de género y acoso.
7.
Las mujeres en la encrucijada de las
crisis y las políticas públicas
Las mujeres y las niñas, en toda
su diversidad, enfrentan vulnerabilidades intensificadas por las crisis
globales, incluidos los conflictos armados y el cambio climático.
Impactos de Crisis y Pobreza
Extrema: Se estima que en 2024, el 15% de las mujeres en todo el mundo
vivían a menos de 50 kilómetros de un conflicto armado, lo que agrava sus
resultados en salud, participación económica y educación. La crisis de la
COVID-19, por su parte, impulsó a una cantidad proyectada de 47 millones de
mujeres y niñas adicionales a la pobreza extrema para fines de 2021.
Sesgos y Gaps en Políticas
Públicas: La falta de consideración de la perspectiva de género en el
diseño de políticas se manifiesta en diversos ámbitos. Por ejemplo, la falta de
planificación con perspectiva de género en los espacios públicos contribuye a
la falta de seguridad para las mujeres. Además, históricamente, los ensayos de
choque de vehículos en EE. UU. utilizaban maniquíes masculinos hasta 2011, lo
que resultó en que las mujeres tuvieran un 47% más de probabilidades de sufrir
lesiones graves en accidentes automovilísticos.
"Cuando los planificadores
no tienen en cuenta el género, los espacios públicos se convierten en espacios
masculinos por defecto" (Perez, 2021, p. 66).
Las políticas de igualdad de
género a menudo enfrentan resistencias, especialmente aquellas que buscan
incrementar el poder de las mujeres o garantizar los derechos sexuales y
reproductivos. Las entidades de género dentro de los Estados a menudo carecen de
recursos suficientes y autoridad jerárquica, y sus iniciativas pueden ser
frenadas por funcionarios que las consideran de baja prioridad.
Reflexión Final y Prospectiva
Los datos de las fuentes son
claros: a pesar de los avances notables impulsados por el movimiento de mujeres
y los mecanismos de género a nivel global, los cimientos del orden de género
desigual persisten, manifestándose en la violencia, la economía, la política y
la tecnología. Para superar estos "nudos estructurales", las
intervenciones deben ser integrales y sostenidas, abordando las normas sociales
profundamente arraigadas y las deficiencias institucionales que se refuerzan
mutuamente.
La CEPAL propone superar estos
nudos mediante la implementación de políticas integrales en diez ejes,
incluyendo el marco normativo, la participación, el financiamiento y la
tecnología. No obstante, el progreso sigue siendo lento y frágil.
La perspectiva interseccional es
fundamental para reconocer que no todas las mujeres experimentan la desigualdad
de la misma manera; la diversidad de las mujeres (indígenas, afrodescendientes,
migrantes, con discapacidad) requiere un enfoque que responda a sus necesidades
específicas.
Si bien los desafíos son enormes,
la creciente conciencia global y el compromiso de actores estatales y de la
sociedad civil ofrecen una oportunidad para una "recuperación
transformadora" que garantice la igualdad sustantiva.
¿Podrá la humanidad, en esta
era de crisis interconectadas, finalmente priorizar la autonomía y la dignidad
de todas las mujeres, o seguirán siendo los cimientos patriarcales los
arquitectos silenciosos de nuestro futuro global?
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